Inicio » Calle Luenga
Una calle serpentea por el centro envuelta en piedra: es la calle Luenga, importante arteria que parte desde la Plaza Mayor, para ascender por el casco salpicada de casonas y palacios. Es una vía para caminar despacio y entretener los sentidos, espacio fundamental en la historia y la vida visontina, en la que se dan cita algunas de las muestras arquitectónicas más emblemáticas de la villa.

En la acera derecha, la Casa de los Leones vigila casi al comenzar la calle. Rehecha en sus dos pisos de sillarejo, adorna el dintel con un bajorrelive de sirénidos y cuernos de la abundancia, sobre una puerta principal flanqueada por columnas acanaladas en piedra. Un angelote se asoma desde el balcón del piso superior. En sus esquinas, relieves de leones y un escudo con castillos, bandas, corona, sol y león rampante honran el nombre con el que fue bautizada.
Poco más allá podemos ver el bello Palacio de Don Pedro de Neyla. Fue mandado construir a finales del siglo XVII por este hijo de Vinuesa, a la sazón Arzobispo de Palermo, con el fin de venir a descansar en él. Ya a finales del XIX, el indiano Matías Ramos Calonge, afincado en México, compraría a la iglesia el Palacio y lo donaría al pueblo, para dar albergue a las escuelas de los niños y niñas visontinos. Se trata de un edificio con fachada labrada en piedra de sillarejo, frontones sobre amplias ventanas enrejadas y anchos aleros, que conforma un excepcional testimonio de la arquitectura típica pinariega. Su fachada principal, adornada con dos escudos del que fuera su primer dueño, se abre a la plazoleta a través de una puerta adintelada.

En el número 8, un perfil encalado destaca entre la piedra que domina el entorno. Es la Casa de los Ramos, edificación del último tercio del siglo XVIII, y el más destacado ejemplar de arquitectura pinariega que podemos ver en la villa. La portada, de medio punto y gran dovelaje, se abre bajo una balconada corrida de madera, que dibuja sobre su fachada barrotes de sutil decoración sobre ménsulas también labradas. De la misma época es el caserón de Don Juan Sevilla y Medrano, vivienda popular que conserva la cornisa volada de madera y fina decoración en canes, pórtico abierto con almenas apuntadas y puerta carretera.
Pero no termina aquí el patrimonio de esta calle estrecha, larga en herencia anatomía y nombre que asciende lenta y generosa por la colina visontina.
En el número 15, otra vivienda concentra asimismo algunos de los elementos típicos de la zona. Es el Rancho, casona del siglo XVI con elementos del XVIII, cuyo portón bajo elaborado escudo da paso a uno de los espacios más característicos del pasado pinariego: el portal donde se guardaba el carro, que por fuerza había de entrar por el gran arco de medio punto por el que aún se accede a muchas casas de la zona.

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